Cada tarde se asemeja a cada puesta de sol a su lado, es algo de no olvidar ¡con su presencia creí en la eternidad! y de tanto hacerla ella robo mi lugar, de mas esta decir que nada es eterno, partiendo de la base que ni nosotros mismos lo somos, es necesario decir que hoy creo en muchas cosas de las que ayer ignoraba, pero todo cambio es bueno y cada final tiene un principio escondido en algún lugar remoto de este mundo, pero como decirle eso a mis pensamientos, si cada día vivo con ellos y aun no los entiendo, cada vez se hacen mas, pareciera que se multiplican por los momentos que se van, están los buenos y los malos, los que me quieren ver caer y los que me quieren ver triunfar "Hazlo" "no lo hagas" "tu puedes" "ya no hay marcha atrás" "es imposible" "no dejes de intentar" creo que no he perdido la cabeza de tal modo como para creer que es imposible volver a intentar.
Al despertarme con el alba sobre mi piel, sollozando de felicidad y otras tantas de tristeza, me traía el olor de un día nuevo en cada puesta de sol, pero en su trampa se escondía el perfume de aquel amor, fresco como una rosa que ha sido plantada para decorar el jardín. Allí estaba ese aroma cada mañana para recordarme que aun la quiero ¡como olvidarle!. Mis torpezas inminentes daban por terminada cada oración con frías palabras que en realidad no salían de mi, sino de cada despedida, nunca supe entender porque era así y hasta este momento digo que no es tarde para comprender, esta era una de esas historias de las cuales podría leer hasta el fin una y otra vez... el prologo era muy sencillo "Este libro enseña a querer mas allá de cualquier pero o cualquier duda, mas allá de la inmensidad del mar, de las montañas, o de cientos de kilómetros que no separan las ganas de amar..." cuando la recuerdo se me viene a la mente una frase que es perfecta en nuestra ocasión "lo esencial es invisible ante los ojos". En cada anochecer pensaba que no era demasiada la lejanía que nos separaba, cuando veía las estrellas me parecía injusto que ellas estén mas lejos y las pueda ver, pero me consolaba con firmeza diciendo de que ella pudo haber estado mas lejos, o que sus padres no aceptaran la relación, que hubiese sido heterosexual y este sea un amor mas que prohibido.
El último día que la vi me abrazo tan fuerte que aun puedo sentir sus brazos apretando mi espalda, no podía verla partir ¡fue algo egoísta haberme dado vuelta! pero yo se que algún día la volveré a ver y tal vez no sea esa niña que despedí esa tarde en la terminal, quizás sea una mujer vestida de blanco o de negro, de echo no me importa que lleve puesto mientras que nunca olvide llenar de sonrisas su disfraz.